
Carolina Scotto
Rectora Universidad Nacional de Córdoba
Rafael Velasco
Rector Universidad Católica de Córdoba
La necesidad de reformar las prácticas políticas, y en especial los
mecanismos que aseguran la más plena legitimidad de quienes son representantes
del pueblo en las distintas responsabilidades de gobierno, es un inequívoco y
urgente reclamo de la ciudadanía. Se trata de un reclamo que merece atención,
seriedad y decisión.
Diversos sectores y ámbitos políticos y de gobierno
se están expresando en ese sentido. Por su parte, vemos con agrado que el
intendente de la Capital provincial y el gobernador se reúnan, no crucen
agravios y se sienten a conversar sobre temas de la agenda común, para el bien
de los cordobeses. Eso es bueno para el más pleno ejercicio de las
responsabilidades que los ciudadanos les hemos confiado. Es lo que esperamos.
Uno de los temas que la ciudadanía reclama es la reforma de la
reglamentación que rige los procesos electorales. A los legisladores les compete
hacer una reforma electoral profunda, seria y de acuerdo a lo que sea mejor para
todos. Una reforma de esa magnitud requiere un estudio profundo, amplia consulta
y, sobre todo, mucha generosidad para mirar más allá del interés partidario y
circunstancial.
Vemos con agrado que los partidos se movilicen en pos de
una reforma política. Hay ya numerosos proyectos presentados en la Legislatura.
Pero creemos que la nueva política no es tarea sólo de los políticos: es una
construcción común de la ciudadanía. Toda la sociedad puede y debe aportar a la
construcción de una nueva política. También las universidades y los
universitarios podemos y queremos colaborar con nuestro trabajo, desde lo que
nos es propio, para que esa nueva política tenga lugar.
El desafío.
Por eso, los rectores de las universidades Nacional (UNC) y Católica (UCC)
hemos aceptado el desafío de integrar esta comisión consultiva con la finalidad
de hacer un diagnóstico lo más científico y ajustado posible de la actual
situación, así como acercar propuestas adecuadas. Esas propuestas no
constituirán un proyecto de ley –tarea que compete a los legisladores– sino que
pretenden ser una fuente de consulta, información y opinión, una ayuda para el
trabajo de los legisladores.
¿Cuál podría ser, si no, la motivación de
quienes sólo con buena voluntad, honorabilidad y sentido de servicio –y
expertise, como es el caso de los académicos involucrados–, pero además
garantizadamente independientes de la injerencia de cualquier poder
gubernamental, aceptan realizar esta tarea? ¿Qué podría objetarse a la intención
de enriquecer la labor y el debate legislativo?
Ayuda desinteresada.
Sería una pena que intereses partidarios del momento o reyertas
circunstanciales impidieran ver que una ayuda desinteresada de personas que no
estamos motivadas por intenciones sectoriales es ya un gesto de compromiso
cívico e institucional positivo, más allá incluso de la calidad de los
resultados concretos de nuestro trabajo futuro.
Esta comisión ad honorem
está trabajando desde hace ya varios días, con el fin de realizar un diagnóstico
lo más ajustado posible. Para ello, haremos encuestas y “foco grupos”,
convocaremos a todas las fuerzas políticas y sociales al diálogo, escucharemos a
especialistas y ciudadanos comunes, a instituciones y organizaciones vinculadas
con la temática, investigaremos otras experiencias que puedan ser de ayuda, y
redactaremos, finalmente, un documento de diagnóstico y de propuesta sobre los
temas centrales.
Si queremos una nueva política, hay que dar oportunidad
a nuevas alternativas. La experiencia de comisiones que se conforman con el fin
de estudiar un tema y elaborar una propuesta es habitual en los sistemas
democráticos occidentales. La Unión Europea adopta esta práctica habitualmente;
un ejemplo de ello ha sido el informe sobre Política de Innovación, en el que
participaron académicos de la Universidad de Manchester. En Latinoamérica
podemos citar –entre varios– dos ejemplos: las llamadas “Comisiones
Presidenciales de Vecindad y Asuntos Fronterizos”, con un papel importante en la
integración de Colombia y Venezuela, y el Grupo de Trabajo sobre Reforma
Electoral (compuesto por universitarios, investigadores y expertos), convocado
por la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que elaboró un informe técnico
con diferentes alternativas en materia de reforma electoral.
Convicciones. Los rectores de la UNC y la UCC tenemos la
convicción de que debemos sumar nuestro aporte comprometido y responsable, desde
nuestros lugares, para la resolución de los problemas de nuestra sociedad, para
ayudar a construir nuevos modos de hacer política y de ser ciudadanos. Ésta es
una buena oportunidad. Comprometemos lo mejor de nosotros, lo mismo que nuestros
colegas, también universitarios, quienes integran la comisión con el mismo
sentido de servicio y compromiso.
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